sábado, 30 de julio de 2016

Entender la accesibilidad universal


Pilar Lima
Senadora territorial por la Comunidad Valenciana-Podem. Persona sorda
Antonio Navarro
Portavoz del Círculo Discapacidad País Valenciá. Autonómo. Persona ciega
Benito Pérez
Consejero de Podem Castelló. Coordinador de Riesgos Laborales. Discapacidad física


Ariadna, a través de la Leyenda del Minotauro, se enamoró de Teseo y le enseñó el sencillo ardid de ir desenrollando un hilo a medida que avanzara por el laberinto para poder salir más tarde; supo encontrar esa gran solución a un gran problema: ¿cómo salir de un intrincado laberinto? Sencillamente, utilizando un hilo que marcara el camino de vuelta. Si entendemos el hilo de Ariadna como una guía ante un problema complejo, la accesibilidad universal sería nuestro hilo hacia una sociedad en igualdad, hacia un espacio diverso e innovador, en el que todas las personas tendríamos cabida. Por lo tanto, no se trata del fin sino del medio. La accesibilidad universal será el instrumento que nos hará ser una sociedad mejor, y es la condición que deben cumplir los entornos, procesos, bienes, productos y servicios, así como los objetos, instrumentos, herramientas y dispositivos, para ser comprensibles, utilizables y practicables por todas las personas. 


El error es pensar que la accesibilidad universal es para las personas con (dis)capacidad, el error es pensar que la vida no te “discapacitará”, que no necesitarás esa rampa, ese ascensor, esos subtítulos, o pensar que serás invencible siempre y no tendrás accidentes que te postren en una silla de ruedas. Si es así, ve pidiendo la vez a la Virgen para encomendarte porque entre bajar el paro y recibir medallas igual va un poco liada…


Y volviendo a tirar de ese hilo son varias las leyes que legislan sobre accesibilidad universal, la LIONDAU de 2003 fue una de ellas y que fue refundida junto a la LISMI en el Real Decreto Legislativo de los Derechos de las Personas con Discapacidad de 2013, que insta entre otras cosas a las administraciones públicas a ser accesibles en plazos determinados. La Convención de la ONU por los derechos de las personas con discapacidad se ratificó más tarde y fue un paso importante en esta materia. Puede que algunas instituciones públicas llevaran a cabo tímidas reformas pensando en las personas con (dis)capacidad como meros espectadores, como quién adapta los palcos de un teatro, puede que algún aseo destinado al público… pero lo que no se había previsto de ninguna manera es que tuvieran que adaptar el escenario. La reciente entrada de dos senadoras con diversidad funcional, hizo patente que la Cámara Alta había legislado de cara a la galería, incumpliendo la misma normativa que ella legisla, y así para el resto de edificios públicos.
 
 
Llegadas a este punto, en esta tesitura, ¿qué hacemos? Tenemos dos opciones: tirar de ese frágil hilo suavemente recordando esa normativa, que unida a nuestra presencia cobra una dimensión nueva, o tirar de ese hilo fuertemente a riesgo de que se rompa y con el peligro de dejarnos arrastrar por un activismo triste, pesimista, arisco y antipático. La reivindicación de un derecho es un acto complejo que requiere firmeza pero también amabilidad. La lectura de un comunicado que publicó el CERMI sobre la accesibilidad universal en las instituciones públicas nos hace reflexionar sobre la cuestión, porque nuestra experiencia vivida es otra. Al ente abstracto que representa la institución se le puede y se le debe exigir que sea accesible. Al conjunto de trabajadores y trabajadoras…. que se ha esforzado en un tiempo récord por lograr esa accesibilidad sí que hay que agradecérselo. Es cierto que se debería haber empezado antes, es cierto que no tenían que haber esperado a que llegáramos, pero no es menos cierto que en un tiempo récord han realizado un trabajo desde la ilusión y el respeto, y no reconocerlo es romper ese vínculo entre firmeza y cariño. 
 
 
Al consiguiente comunicado se respondió con otro por parte del Senado en el que se explicaba las acciones tomadas por la institución a nuestra llegada, con el consiguiente coste económico. Acción, reacción, tira y afloja de ese hilo tan delicado. Ser transparente en la cuestión económica es loable y necesario, pero si se nombra de manera aislada sin especificar otros gastos que puedan conllevar los y las senadoras de los distintos grupos parlamentarios en el ejercicio de sus funciones, se contribuye a que la sociedad vea nuestra presencia como un coste y no como una oportunidad, provocando así a perpetuar la discafobia. Realmente la inversión en accesibilidad universal no supera el 1,5% de su presupuesto anual y llega tarde puesto que el plazo de implantación total de la accesibilidad universal en los edificios públicos acabó el pasado 5 de diciembre de 2015 tras doce años de plazo para su cumplimiento. Aunque queda mucho por hacer en este sentido sería necesario dedicar un porcentaje anual con un plan de actuación que permita alcanzar las condiciones accesibles de las instalaciones y servicios de la Cámara tanto eliminando las barreras arquitectónicas como de la comunicación.


Nosotras, las senadoras con (dis)capacidad formamos parte de las personas con diversidad funcional, que en España son 4 millones, y que gracias a nosotras, o al menos en parte, han dejado de ser invisibles a la clase política española. Tuvimos que llegar nosotras para que se dieran cuenta de que no estaban cumpliendo, pero no pasa nada… nos sobra paciencia después de lo vivido, pero también lo queremos todo. Porque queremos igualdad, porque nosotras no somos el problema, el problema está en cómo hemos construido nuestra sociedad. Y no pararemos hasta lograr una normalización e independencia, y a nuestros derechos no se les pone precio. Así que aquí va nuestro total agradecimiento al trabajo que realiza el personal del Senado, a la Institución y a la Mesa, que aunque no estemos ahí parece que sí cumple con nuestras demandas de accesibilidad y a las organizaciones que luchan porque nuestros derechos sean efectivos, y porque como Clara Campoamor: “… me pregunto a dónde van los pensamientos que no digo, y los sentimientos que no expreso…”.

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/6809/entender-la-accesibilidad-universal/

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