miércoles, 31 de agosto de 2016

CUANDO LA DISCAPACIDAD SE CONVIERTE EN UN NEGOCIO

Los muros blancos del recibidor del Centro Especial de Empleo Roncalli no tienen nada de diferente a los de una empresa corriente. Poco a poco salen y entran por las puertas personas con discapacidad. Un hombre en silla de ruedas acompañado de su madre, una chica con síndrome de Down, otra con discapacidad intelectual severa. Todos se saludan entre sí, y a la recepcionista, que también tiene discapacidad, y se apuran para no llegar tarde a sus puestos.

Centro Especial de Empleo Roncalli perteneciente a la Fundación Juan XXIII | Sergio González Valero

Cada uno tiene su línea de actividad: unos empaquetan revistas para su envío, otros transcriben documentación de las empresas y otros cocinan para servicios de catering. Aquí la integración es su leitmotiv. Roncalli es uno de los Centros Especiales de Empleo con tradición social que perduran tras la proliferación vivida en los últimos años.

Sin embargo, otros centros no lo tienen tan claro y la barrera que existe entre el interés puramente social y el económico es una línea muy fina y sencilla de cruzar. El mundo de la discapacidad no es la excepción y muestra de ello es el auge progresivo de los Centros Especiales de Empleo (CEE). Atraídos por factores económicos, algunos CEE se han desligado de su cara más humanitaria dando paso a un monstruo empresarial.

Este tipo de entidades nació con la finalidad de formar e insertar laboralmente a las personas con discapacidad. Considerados como una especie de puente hacia la empresa ordinaria, una suma de factores han provocado que actualmente la realidad sea otra.

De los más de 182 millones de euros otorgados por el gobierno en ayudas concedidas a la integración laboral de personas con discapacidad en 2014, más del 90% fue a parar a las arcas de los CEE, según datos del Observatorio sobre la Discapacidad y Mercado de Trabajo en España (ODISMET).

Cada CEE recibe por parte de la Administración el 100% de la cuota empresarial de la Seguridad Social de cada trabajador, el 50% del Salario Mínimo Interprofesional por trabajador a jornada completa o su parte proporcional en jornada parcial y 12.000 euros por la conversión de un contrato temporal en indefinido.

"Los CEE están surgiendo como champiñones. Cualquiera puede poner un centro especial en marcha y el coste laboral de los trabajadores es mínimo porque la Administración les subvenciona casi todo", confirma Ángel Pontones, director general de la plataforma de empleo para personas con discapacidad, DisJob.

Los Centros Especiales de Empleo que recibieron más dinero entre 2012 y 2015 fueron: Snacks de Castilla León, con más de 200.000 euros recibidos; Ibermail Ibergrupo CEE, ahora Roncalli, y Tasubinsa con más de 20.000 euros; e Ilunion BPO SA así como Ilunion Outsourcing con más de 18.000 euros, según la base de datos obtenida para esta investigación por parte del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y que recoge los centros con operaciones en más de una Comunidad Autonoma. Sin embargo, si nos atenemos a los datos agregados facilitados por la Confederación Nacional de Centros de Empleo (CONACEE), que incluye también aquellos que operan sólo en una CCAA, observamos que el promedio puede superar los 290.000 euros por centro como puede apreciarse en el gráfico anterior que acompaña a esta información.

Los CEE son actualmente la principal fuente de trabajo para las personas con discapacidad. De los 95.238 contratos específicos para personas con discapacidad realizados en 2015, 68.613 fueron hechos con un Centro Especial de Empleo. Un aumento de más de 40.000 contratos desde 2006.

Los papeles se han invertido. Hace una década las empresas ordinarias eran la principal fuente de contratos específicos para personas con discapacidad. Hoy, un 73% de las contrataciones se realizan en un CEE, según datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE).

Es una cifra positiva teniendo en cuenta los problemas de desempleo en el colectivo de personas con discapacidad, pero excluye a una parte importante del sector.

"En los CEE hay personas con muy poco grado de discapacidad que podrían trabajar perfectamente en la empresa ordinaria. Los que de verdad deberían estar ahí, es decir aquellos con un grado superior a 65%, están fuera del mercado laboral. La subvención te la dan igual, esto se ha convertido en ganar pasta", explica Pontones.

Condiciones precarias

A pesar de las subvenciones, los CEE se caracterizan, en su mayoría, por mantener condiciones precarias. "Una persona con discapacidad que ya parte con problemas de inserción, encima tiene mayor rotación, salarios más bajos y contratos temporales", dice Vanesa Rodríguez, investigadora de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Oviedo.

De acuerdo con un estudio realizado por la docente, los CEE dan una remuneración menor que las empresas ordinarias a los trabajadores con alguna discapacidad. El salario por día en una empresa ordinaria es de 47 euros, mientras que en un CEE es de 36 euros.

Esta diferencia salarial se debe, en parte, a la existencia del Convenio Colectivo de Centros Especiales de Empleo, que a nivel estatal regula las cláusulas laborales para las personas con discapacidad.

Esta medida impulsada por el Comité Español de Representantes de Personas Con Discapacidad (CERMI) ha supuesto, a nivel salarial, un paso atrás en la equidad laboral del colectivo. A los trabajadores se les paga menos de lo que cobrarían si estuvieran regidos por el convenio sectorial de la actividad que realizan.

Para Josefa García Lorente, abogada especializada en discapacidad y representante del Consejo General de la Abogacía Española en el Foro Justicia y Discapacidad, la implementación de salarios menores se debe a la falta de apreciación de las posibilidades de un trabajador con discapacidad. "No existe una formación empresarial ni social de ver que son personas tan rentables como cualquier trabajador, pero que tienen que respetar sus derechos y limitaciones".

Centro Especial de Empleo, un beneficio para las empresas

 

A estas precarias condiciones laborales, se suma el origen empresarial de nuevos Centros Especiales de Empleo. Para algunas compañías ha quedado claro que tener un CEE es un negocio rentable. Prueba de ello, es que han ido creando sus propias empresas de este tipo con el fin de externalizar sus servicios, y beneficiarse de las subvenciones de una forma más directa.

"Antes los Centros Especiales estaban formados a partir de asociaciones de discapacidad. Ahora una forma de alcanzar la cuota del 2% en los grupos empresariales grandes, como Adecco o DKV, es creando sus propios CEE", afirma Eduardo Díaz, director del Centro Español de Documentación sobre Discapacidad (CEDD).

Ejemplo de ello son empresas como Schindler S.A., que realizó en 2012 un contrato de servicios con su Centro Especial de Empleo, Schindler 24 S.L., por una suma de más de 4 millones de euros, según la misma base de datos realizada por el SEPE y obtenida para esta investigación.

La presencia de este tipo de centros también ha generado un conflicto para aquellos que llevan más tiempo en el ecosistema de la discapacidad, y que presumen de tener un objetivo más social.

"Hay que distinguir entre un Centro Especial de Empleo formado de la nada, cuya única misión es la integración de personas con discapacidad y otra serie de empresas que se aprovechan de la Ley General de Discapacidad para convertirlo en un negocio", afirma indignado José Luis León Hernández, director general de Roncalli, CEE iniciado por la Fundación Juan XXIII.

Sin embargo, las buenas intenciones no bastan ni para los CEE con valores sociales. "El reto de un Centro Especial es mantener el equilibrio de la integración de las personas con discapacidad y a la vez su rentabilidad. Nosotros somos una organización sin ánimo de lucro pero debemos ser autosuficientes y abastecernos", explica el director del centro, que tiene una plantilla de 365 empleados, de los cuales 86% son personas con discapacidad.

Una práctica común de externalización de servicios a través de la creación de un CEE propio, es con un call center o centro de atención telefónica para el cliente, como es el caso de empresas como Konecta y Schindler.

"Una aseguradora que crea un call center con personas con discapacidad lo que hace es externalizar un servicio que prestan y abaratan costes", dice Díaz, el director del Centro Español de Documentación sobre Discapacidad.

Schindler defiende la creación de su propio CEE, un contact center, con la razón de que así la empresa tiene control total de los procesos gestionados en el centro especial de empleo.

"Dado que el proceso de Atención Telefónica es una actividad distinta a la de fabricación, instalación y mantenimiento de ascensores, requiere un personal especializado, con una importante inversión en infraestructura de comunicaciones y servidores. Por ello, al estar previsto emplear a una gran mayoría de personal con capacidades diferentes, Schindler decidió crear una empresa independiente que constituyese un Centro Especial de Empleo", responde Rosa Amat, portavoz de Schindler.

Un sistema en debate

 

La discusión se centra en qué vale más: si el empleo que se le da a las personas con discapacidad, a pesar de la baja calidad del mismo, o el hecho de que a fin de cuentas se trata de un puesto de trabajo.

"Si una empresa grande tiene un CEE y contrata a 2.500 personas con discapacidad, lo que hace es coger de manera legal las subvenciones. No es muy ético, pero al final, hay 2.500 personas trabajando", explica Luis Alonso Calzada, director gerente del CERMI.

Manuel Amil, director gerente de Amilaxa Servicios Generales, un Centro Especial de Empleo ubicado en Galicia, tiene una postura más firme, pero reconoce que hasta ahora tampoco hay otra alternativa. "No creo en los CEE, creo en la contratación normalizada. Para mi son un gueto, pero un gueto necesario, porque si no existiesen, habría que inventar algún otro sistema para que las personas con discapacidad tuvieran una oportunidad de trabajar".

Para Díaz, "no es que la ley intente ser perversa, piensan que así quizá puedan llegar a un mayor número de empresas que pongan CEE e integren a más personas con discapacidad al mundo laboral, pero se generan todas las perversiones posibles".

Tanto Rodríguez como Díaz coinciden en que una solución sería distinguir al momento de dar las subvenciones entre un Centro Especial de Empleo con corte social y uno de raíces empresariales, y prohibir que el contrato sea con aquel de la empresa matriz.

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/08/30/57bf1f7022601db6348b45e7.html# 

 



 


 


 



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