miércoles, 31 de agosto de 2016

Víctimas del amianto doblemente ocultas


Durante los años 60, 70, 80, incluido los 90, miles de trabajadores vascos tuvimos contacto con el amianto asesino, más o menos intenso durante la actividad laboral, con total desconocimiento del riesgo cancerígeno al que estábamos expuestos y sin medida de prevención alguna. Las empresas incumplieron la legislación vigente de Seguridad e Higiene de forma generalizada, incluida la obligación, a partir de 1985, de registrar ante la Autoridad Laboral al personal expuesto al amianto, para promover la vigilancia sanitaria específica, incluido su seguimiento sanitario postocupacional. Incluso las pocas empresas que se registraron, comunicaron un número insignificante de trabajadores.

Este masivo fraude preventivo fue posible por el terror impuesto por la Dictadura; más tarde, gracias a la colaboración de médicos de empresa, inspectores de trabajo y mutuas... Estaban convencidos que el origen laboral de las enfermedades quedaría oculto como comunes y en todo caso, poner dificultades para su reconocimiento. Solo así, se entiende que en el Reino de España no se declaren ni el 5% de las enfermedades profesionales registradas en países como el Reino Unido, Francia, Alemania…

Resultado de esta práctica, hoy 30 o 40 años más tarde, nos encontramos con una epidemia creciente de enfermedades respiratorias o cancerígenas, con el agravante de que para su reconocimiento no es suficiente el diagnóstico médico, por ejemplo, un mesotelioma (enfermedad derivada exclusivamente de la inhalación de amianto), para que el INSS reconozca la enfermedad profesional, pues requiere que la víctima o sus familiares demuestren que hubo exposición laboral décadas atrás. Tarea complicada la demostración, después de 30 o 40 años, cuando las empresas infractoras han desaparecido o modificado sus procesos productivos y los testigos dispersados por jubilación u otra causa. Si esto ocurre con el mesotelioma, las dificultades se multiplican con el cáncer de pulmón, laringe, etc.

Resulta escandaloso y dramático.

Primero nos ocultaron el riesgo, segundo incumplieron incluso la precaria legislación de Seguridad e Higiene. Tras el diagnóstico de la enfermedad, si el enfermo o sus familiares quieren recibir las justas prestaciones de Enfermedad Profesional, se ven obligados a buscar testigos para demostrar que hubo exposición cancerígena, ante el rechazo empresarial y la pasiva actuación de la Administración. Todo, por que las empresas infringieron la ley y no se exigió su cumplimiento preventivo.

El sindicato CCOO Euskadi y ASVIAMIE, asociación de víctimas del amianto, llevamos años de pelea con cierto éxito, habiendo doblado el numero de personas inscritas o logrando el reconocimiento y compensación de cientos de enfermedades profesionales ante la pasividad de Osakidetza, cuyos gestores políticos no dan ninguna importancia a la ocultación del origen profesional de los cánceres, favoreciendo así el desprecio empresarial a la prevención frente a las sustancias cancerigenas, así como el deterioro de los presupuestos de la Sanidad publica, al correr con costes millonarios, que corresponden a la contingencia profesional.

El reconocimiento profesional de los mesoteliomas, carcinomas pulmonares, de laringe y asbestosis, posibilita por lo menos a las víctimas una mejora de las prestaciones económicas de la Seguridad Social; recargos del 40 o 50% de las prestaciones e indemnizaciones por los daños generados, que obliga a las empresas a invertir en sus planes de prevención, tras asumir que la prevención era rentable.

Para lograr el reconocimiento profesional tiene especial importancia que todo trabajador/a en activo o jubilado, que tuvo contacto con el amianto durante su trabajo, esté inscritp en el listado de Osalan o el INSPL de trabajadores expuestos al amianto. Para ello, pueden dirigirse a ASVIAMIE, el Área de Salud laboral de CCOO u otras organizaciones sindicales, para realizar el trámite.

Mañana, tras el diagnóstico de un cáncer, será más difícil darle la vuelta al objetivo de los que siempre nos engañaron, pues tratarán de culpabilizar al enfermo, con hábitos de fumador.

Tampoco es suficiente que “el Servicio de Prevención, nos realice Radiografía del Tórax”, como respondía un empleado municipal del Ayuntamiento de Tolosa, tras haber estado expuesto a la fibra cancerígena junto con sus compañeros, mientras reparaban tuberías de la red de aguas.

Insisto, es necesario estar inscrito en el listado del Gobierno Vasco, pues se convertirá en la prueba concluyente de la exposición cancerígena ante una eventual enfermedad del amianto, además posibilita su detección precoz, si Osakidetza cumple con la obligación del seguimiento a los inscritos.

No cabe duda que tras el diagnóstico de la enfermedad, a la persona enferma le faltarán fuerzas para buscar pruebas de dicha exposición.

Con tu registro, evitas que los responsables de tantas infracciones preventivas, salgan triunfantes con su estrategia de ocultación o se libren de pagar por el daño causado. Tenemos que lograr que nunca más ningún trabajador/a se exponga a un cancerígeno, mientras busca el sustento en el trabajo, allí donde la prevención del cáncer es más fácil.

http://www.sinpermiso.info/textos/victimas-del-amianto-doblemente-ocultas-0

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