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miércoles, 13 de mayo de 2026

La verdad sobre la polio en España: Historia, esfuerzo y memoria

No ha sido fácil haber sido un niño de la polio en España. Y os aseguro —y los que me conocéis sabéis que no suelo quejarme— que tampoco es fácil sufrir ahora, cuando vas cumpliendo años, los síntomas del síndrome postpolio. Muchos de aquellos niños que no fueron vacunados a tiempo tienen hoy entre 55 y 80 años, y su situación no está siendo debidamente valorada ni por nuestros responsables políticos ni por nuestro sistema de salud del que todos nos sentimos orgullosos.

José Antonio Lagar García 

jueves, 20 de noviembre de 2025

La memoria de esos niños no es un capítulo cerrado

 


Se cumplen 50 años de la muerte del dictador.  

Evidentemente que con Franco se vivía mejor; los afines al régimen, no así, las miles de víctimas que todavía hoy en día seguimos sufriendo las consecuencias.

Hay páginas de la historia que no solo duelen por lo que ocurrió, sino por cómo intentaron silenciarlas entonces y después, porque recordar obliga a confrontar una verdad incómoda.

La oscuridad de la dictadura franquista no sólo ocultó la represión en las celdas de comisarías y prisiones, también tapó decisiones trascendentales para la salud de la población, como la de no vacunar a los niños contra la poliomielitis que en los años cincuenta y sesenta se convirtió en la gran pandemia.

¿Por qué no se habla del fantasma de la polio? 

¿Será porque todavía, sigue dando miedo?

Miles de niños y niñas inocentes que, nunca pudimos caminar al ritmo de los demás. Soñadores en una soledad no elegida imposible de ignorar, pero también con una luz interior que nunca dejó de brillar.

Obsesivamente calificados con más títulos "nobiliarios" que la mismísima Duquesa de Alba: “defectuosos” "subnormales" "invalidos" "no validos" "minusválidos" "impedidos" "discapacitados"... Palabras que equivalían a condena perpetua, ocultando nuestras innumerables capacidades.

Fuimos enviados a hospitales e instituciones donde supuestamente se nos cuidaba, en las que a menudo también se nos aislaba de la vida y de nuestras familias, sin comprensión, sin consuelo y sin la oportunidad de crecer en un ambiente que aceptara nuestra diferencia.

Crecimos aprendiendo a no correr más de lo oportuno, a no molestar, a callar y aguantar. Tener polio significaba otra forma de existir con sus propios desafíos, pero también con un gran potencial.
Justo cuando la polio estaba golpeando más duramente a nuestro país, los informativos del franquismo preferían mirar hacia otro lado (igual que ocurre en la actualidad)
la poliomielitis era un tabú y solo se empezó a hablar de ella cuando llegaron las vacunas, una década después. De lo que no se habló nunca es de la lucha encarnizada entre falangistas y católicos para controlarlas.

Primero trataron de negar la realidad y luego vendieron la solución como el mayor éxito tanto de puertas para afuera como entre sus propios ciudadanos. 

Franco usaba las vacunas contra la polio para hacer propaganda del régimen.

Mientras tanto, el país vivía una epidemia que se cebó con los niños, provocando unas 2.000 muertes y 12.000 casos de discapacidad física entre 1956 y 1963, y sus consecuencias se extienden hasta nuestros días: el síndrome postpolio fue reconocido como enfermedad, sufrida varias décadas después por aquellos que pasaron la polio en la infancia, por la Organización Mundial de la Salud en 2010. 

La memoria de esos niños no es un capítulo cerrado.

Violeta Flores Ruiz

lunes, 10 de noviembre de 2025

En una sala silenciosa, decenas de niños yacen dentro de enormes cilindros metálicos

 

Año 1950.
En una sala silenciosa, decenas de niños yacen dentro de enormes cilindros metálicos.
Solo se ve su rostro; el resto del cuerpo está inmóvil.
Son los pulmones de acero, máquinas que les permiten seguir respirando cuando la polio ha paralizado sus músculos.

Cada inhalación depende del zumbido constante del motor.
Las enfermeras los alimentan, les leen cuentos, les toman la mano.
El metal respira por ellos.

Durante años, la poliomielitis fue el terror de la infancia.
Miles de pequeños quedaron sin poder moverse ni respirar por sí solos.
Pero en medio de esa oscuridad, la ciencia encendió una luz: el Dr. Jonas Salk desarrolló la vacuna que cambiaría el curso de la historia.

En pocas décadas, la polio prácticamente desapareció del mundo.
Y las salas de pulmones de acero quedaron vacías… no por tragedia, sino por esperanza cumplida.

Hoy, esta imagen nos recuerda que cada avance médico es una victoria silenciosa.
Porque la humanidad respira gracias a quienes se negaron a dejar de intentarlo.

 

Datos Históricos

lunes, 27 de octubre de 2025

Polio: "La memoria que no se rinde"

 

Hubo un tiempo en que el miedo tenía nombre. Bastaba con oír la palabra «polio» para que las madres apretaran a sus hijos contra el pecho, para que los pueblos se llenaran de rumores y las familias recitaran plegarias en silencio. Era la España de los años cincuenta y sesenta, una España empobrecida, gris, y controlada por un régimen que lo vigilaba todo, menos lo que realmente importaba: la salud y la vida de los suyos. 

En 1955, Jonas Salk descubrió una vacuna inyectable que renunció a patentar: «¡No se puede patentar el sol!», afirmó. El mundo entero comenzó entonces a pasar página… salvo en España. Las autoridades franquistas decían que no era necesaria, que «aquí la polio no existía». Por eso, mientras en otros países la vacuna contra la polio salvaba millones de vidas, en este país el silencio oficial y la miseria política permitieron que el virus siguiera su curso, robando la infancia de miles de niñas y niños durante ocho años más. La dictadura negó, ocultó y retrasó. 

 
Cuando por fin, en 1963, se permitió distribuir de forma masiva la vacuna oral de Albert Sabin, el daño ya estaba hecho. La campaña se presentó como un logro del estado, una muestra más de su mezquina «generosidad» paternalista. Pero para algunos ya era demasiado tarde. La propaganda del régimen buscó apuntarse un tanto de modernidad mientras muchos niños afectados éramos olvidados en escuelas inaccesibles, hospitales sin recursos y barrios donde crecer en la marginalidad y el desamparo. Quedó el dolor de centenares de familias llorando su tragedia, sin recursos, sin información y con mentiras; padres deshechos a los que el régimen solo ofrecía silencios, sacrificando sus vidas en busca de milagros que nunca existieron, rotos en una culpa que jamás tuvieron. 

 
Fueron años de sanatorios y operaciones, aparatos ortopédicos, sillas de rueda y pulmones de acero; penosas rehabilitaciones para lograr el imposible de caminar; alcanzar, quizá, el sueño de unas piernas enclenques, quebradizas como ramitas de sarmiento que, al menos, nos mantuvieran erguidos. Otros, con menos suerte, se quedaron en el camino y nunca tuvieron siquiera la oportunidad de crecer. 

 
Hoy leo en las noticias que el 21% de los jóvenes consideran que la dictadura franquista fue buena o muy buena para España, y pienso si entre todas esas falsedades y bulos con que esos influencers y partidos políticos manipulan, les cuentan lo que al dictador le importó que miles y miles de bebés se contagiaran de una enfermedad que les marcaría para toda la vida, si es que sobrevivieron, teniendo en su mano la solución de una vacuna. 

 
Ahora han pasado más de sesenta años desde aquella pandemia. Muchos de aquellos «niños de la polio» seguimos aquí, ya adultos y con un desolador futuro llamado Síndrome Postpolio. 

 
Porque la polio siempre fue una mala compañera de viaje. Como una eterna espada de Damocles, volvió la muerte neuronal, los músculos de cristal, la fatiga insoportable y ese dolor que se clava como un punzón. Es la evolución de aquella vieja poliomielitis, transformada en enfermedad rara y degenerativa que la OMS ha catalogado con el código G14. 

 
Porque todo ha cambiado, pero todo parece seguir igual. Las instituciones democráticas, autonómicas y de estado, las mismas que hablan de derechos y memoria, apenas reparan en que existimos. Hemos pasado de ser víctimas del silencio de una dictadura a ser invisibles en el ruido de la democracia. 

 
Es verdad que nos dedicaron un párrafo en la Ley de Memoria Democrática aprobada en 2022; siete líneas en la disposición adicional undécima en la que nos reconocen «el sufrimiento padecido por la infección del poliovirus durante la dictadura», también que «se promoverán investigaciones, estudios y medidas de carácter sanitario y social que posibiliten nuestra calidad de vida». Pero de momento ahí se queda todo: son palabras escritas en un papel, tan volátiles como el viento. 

 
La realidad hoy es que no hay planes específicos de atención médica para nuestra problemática ni programas de investigación que, al menos, nos alivien. Deniegan peticiones de incapacidad y rechazan jubilaciones anticipadas. Somos un colectivo con los huesos fundidos por tantos años de cojeteos y posturas desequilibradas, con mucha gente viviendo en casas inaccesibles y pensiones no contributivas; porque a demasiados, sus vidas bregando con la discapacidad, no les dio para labrarse un futuro. 

 
Son muchos los supervivientes de la polio que hoy se sienten fuera del relato del país, y creo que, por todo lo que tuvimos que pasar, aquella infancia marcada y las secuelas que ahora arrastramos, nos merecemos un trato más digno del que nos dan. 

 
La historia oficial habla de «la erradicación de la polio en España», pero nosotros sabemos que no se erradica lo que sigue latiendo en nuestros cuerpos. Erradicar la polio sería también reparar, dar apoyo real a los supervivientes. Asumir la responsabilidad que las diferentes administraciones tienen para con nosotros. Erradicarla de verdad significaría no permitir que el olvido vuelva a paralizar la memoria. 

 
Que nadie diga que la polio es cosa del pasado. El pasado sigue vivo en nuestros músculos cansados, en nuestras noches de dolor, en las vidas que fuimos construyendo a pesar de todo. Lo que sí debería ser cosa del pasado es la indiferencia. Porque un país que olvida a sus víctimas no puede considerarse del todo libre. 

 
La polio nos robó la infancia, la dictadura nos robó la esperanza, y la democracia, demasiadas veces ya, parece querer robarnos la voz. Pero aquí estamos, testigos incómodos de una historia que algunos prefieren borrar. Seguimos hablando, seguimos reclamando, seguimos siendo memoria viva. Porque la memoria —como nosotros— no se rinde. 

 
24 de octubre, Día Mundial Contra la Polio y el Síndrome Postpolio

José Vte. García

 

https://www.levante-emv.com/opinion/2025/10/24/polio-memoria-rinde-122942405.html?fbclid=IwY2xjawNsqg5leHRuA2FlbQIxMQABHlZn9ClR7RMlVccno7Bu8mdMFqMP8u9YS5pqduTQTPFBMtoF3DxMBPtufbUL_aem_JuRTktNz-TCP_27Z8Ya1uw 

sábado, 25 de octubre de 2025

La España de la polio

 

Hablamos de enfermedades crónicas porque no conocimos la polio, o sí. Esas personas que se vieron presas de ese virus entre los años 45 y 65 en esta España nuestra, arrastraron sus piernas porque no hubo nada para ellos; ni siquiera el mero gesto de considerarlos personas con discapacidad; esas que tantos derechos tienen reconocidos hoy en día.

 

Si nos remontamos a las noticias que entonces hablaban de esa rara enfermedad, encontramos términos referidos a la parálisis infantil, a la poliomelitis o Heine Medin, pero rara vez supimos qué fue de esas personas afectadas por semejante enfermedad.

Los españoles se vieron contagiados por ese virus de la polio que afectó a una generación tras la posguerra. La vacunación masiva nunca llegó a España y cuando lo hizo, allá por 1964 ya eran muchos los daminificados. Apostar entonces por la vacuna fue un duelo entre el Seguro Obligatorio de Empleados (SEO) y la entonces Dirección General de Sanidad (DGS), algo que nos recuerda a los encontronazos habidos con la gestión de esta pandemia, 55 años después.

Lo que si es indiscutible es que entonces existía una posibilidad: la de vacunarse de forma privada, cuando hoy, gracias al sistema público tenemos acceso a las mismas y las despreciamos y además, entonces no había dinero, por lo cual, fueron muchos, muchísimos los aquejados.

 

Y de igual forma, lo realmente irrefutable, es que esos afectados por la polio perdieron su niñez, acaso juventud; una vida por crear y una realidad que les truncó muchas de sus esperanzas; ese futuro que en nada se parecía al que habían proyectado.

 

Reinventarse —como se dice ahora— no era una opción, porque las ayudas para las personas que entonces eran inválidas eran escasas; las consideraciones, apenas eran ciertas y el menosprecio fue una circunstancia con la que tuvieron que convivir, precisamente porque la discapacidad no se contemplaba entonces.

Y entretanto, el devenir: la España que poco a poco emergía y la lucha por salir de los estragos de una guerra y una necesidad que postró a un país más de veinte años. Esos niños pasaron a tener trabajos menores, muchos de ellos, incapacitados de por vida y sin más oportunidades que la de ser minusválidos por la mala pata de haber contraído ese virus; el de la poliomelitis.

Esto que hoy nos parece imposible, hizo que algunas de esas personas se pusieran al mundo por montera y salieran adelante sin sus piernas, solo con muletas, con unos hierros en los que sostenerse y una silla de ruedas, si tenías la suerte de alcanzar a comprarla.

África fue declarada libre de polio en agosto del año 20 cuando nosotros solo hablábamos de la covi, sin d. Tal vez no nos damos cuenta que gracias a esa pequeña vacuna ingerida por vía oral, millones de niños podrán andar en ese continente y no sumarán al dolor de verse presos de la hambruna, el hecho de arrastrar las piernas por ese virus, no como esos españoles de bien.

 

Tampoco nos damos cuenta que las vacunas, todas, evitan males mayores, pero eso sí, hablamos de no vacunarnos porque estamos en el primer mundo y podemos elegir; acaso ya no le tenemos miedo a la polio porque nos dan esas gotitas de niños. Qué cosas…

 

Esas personas siguen entre nosotros, o ya no; esas personas fueron nuestro ejemplo y sobre las que se construyó ese mundo de derechos que ampara a parte de las personas con discapacidad en este país que hoy van en silla de ruedas. Esas personas tenían un nombre que hoy nos hace palidecer. A esas personas les brindo mis letras y toda la admiración. Ellos lucharon por vuestros derechos; esos construyeron un mundo mejor. Ellos, los afectados, no tuvieron plan b y continuaron viviendo. Ellos, pudimos ser nosotros. Vosotros luchasteis por todos los que hoy ya tienen derechos y un espacio reservado para aparcar. Total nada.

Gracias por tu ejemplo de vida, papá.

Requiescat in pacem.

 

miércoles, 23 de julio de 2025

Tanques de hidroterapia

 

Durante la epidemia de polio de la década de 1950, se utilizaron tanques de hidroterapia de acero inoxidable, conocidos como tanques Hubbard, como método de rehabilitación para niños paralizados por la enfermedad. Considerados para mejorar la circulación y fortalecer los músculos, el tratamiento consistía en sumergir al paciente en agua tibia hasta el cuello. La combinación de chorros de agua, flotabilidad y calor les ayudaba a mover las extremidades débiles o paralizadas con mayor facilidad y menos dolor. A medida que disminuyeron las tasas de polio y surgieron nuevos métodos de rehabilitación, el uso de tanques de hidroterapia disminuyó gradualmente después de la década de 1950.

El respirador Emerson


 Creado por John H. Emerson en 1931, el respirador Emerson, o pulmón de acero, era un gran ventilador mecánico que ayudaba a respirar a los pacientes de polio con parálisis respiratoria. Se colocaba al paciente dentro del respirador con la cabeza hacia afuera mientras los cambios de presión del aire en la cámara interior simulaban la respiración. Más asequible y eficiente que modelos similares de su tipo, el respirador Emerson salvó innumerables vidas durante las epidemias de polio de las décadas de 1940 y 1950.

miércoles, 9 de julio de 2025

Un niño con polio aprendiendo a caminar dentro de barras paralelas (alrededor de la época en que nació la fisioterapia)


Un niño con polio aprendiendo a caminar dentro de barras paralelas (alrededor de la época en que nació la fisioterapia). 

 La polio causa parálisis en aproximadamente uno de cada 200 casos. Los sobrevivientes, como este niño de dos años, a menudo se sometieron a meses o incluso años de fisioterapia para recuperar la movilidad. 

Centro de Rehabilitación de Polio, Hospital General de Sudbury, Canadá, 1953.

lunes, 2 de junio de 2025

La polio aún duele

 Afectados en la niñez por esta enfermedad ya desaparecida en Europa se reúnen en Burgos y reclaman más apoyo sociosanitario

Cuatro afectados (de i.a d.): Peña, García-Antón, Díez y Madroño. - Foto: Patricia

Concepción García-Antón se contagió del virus de la polio al año de nacer, en 1972. Es una de las afectadas 'tardías' -en España se vacuna de forma sistemática contra esta enfermedad desde 1964- y ahora es la presidenta de la Federación de Asociaciones de Polio y Postpolio de España. «Intento que no se pierda el conocimiento, porque en 50 años no habrá afectados. Y me pregunto qué llegará antes: nuestra extinción o la calidad de vida», comentaba esta mujer (con camisa de rayas en la foto), durante el encuentro europeo de adultos que sufrieron la enfermedad en la infancia que empezó ayer en la capital y termina hoy, con la asamblea general.

En este tipo de asambleas hay tiempo para ponencias científicas, pero también para la reivindicación. Y García-Antón es categórica en este punto: «Lo más acuciante es un protocolo de atención a la persona, para hacer seguimiento de la evolución y poder responder a las necesidades específicas en cada momento». Es decir, que cualquier adulto que se contagiara de poliovirus en la niñez tenga garantizada la misma atención sociosanitaria en toda España.

Y he aquí el ejemplo: «Tenemos hipersensibilidad al dolor y, en muchos casos, es crónico por el tema neurológico». Pero, sin embargo, no está protocolizada la atención a esta secuela en unidades especializadas y muchos pacientes «acaban derivados a Psiquiatría por hipocondria», lamentó. 

Pero tampoco tienen garantizadas unas prótesis adaptadas a su situación (poco pesadas, para evitar tener que hacer fuerza) o la rehabilitación, que es la terapia más demandada por todos los consultados ayer por este periódico. Olga Peña, por ejemplo (con camiseta blanca en la imagen) destacaba que «yo me la puedo pagar, pero no todos estamos en la misma situación, porque son neurorrehabilitaciones; muy especializadas». Y en términos similares se manifestó Anabel Sánchez, que todavía camina con muleta, pero criticaba ayer que «estamos desahuciados y se nos pasa el tiempo».

Sin piscinas en Burgos. Uno de los representantes locales en el encuentro, Carlos Díez, matizó que hay necesidades a distintos niveles. Y en lo local, por ejemplo, subrayó que «ni una sola piscina pública dispone de grúa para que quienes van en silla puedan entrar en el agua» y criticó que se haya tardado tanto tiempo en separar las terrazas de los bares de las paredes, para dejar libre una pared en la que puedan apoyarse las personas con discapacidad, sea por secuelas de la polio o por otras razones.

Pero en lo autonómico coincidió con el resto de consultadas: «Hay un déficit general y es que en el ámbito sanitario nos tratan individualmente; es decir, el neurólogo, el traumatólogo... Pero la enfermedad abarca varias especialidades, debiéramos tener unidades que traten todo de manera conjunta y no solo para nosotros, sino para otras afines, como la ELA». De inmediato aludió a la rehabilitación, que «ha de ser constante y de acceso más rápido» para evitar que, como ahora, cada uno la pague de su bolsillo. Y luego se refirió al dolor: «Para la unidad del HUBUhay más de un año de espera; eso no puede ser».

El vallisoletano Ricardo Madroño, contagiado con menos de un año, en 1961, matizó que a las personas como él, a todas las que participan en este encuentro internacional, se les solapa el envejecimiento con el síndrome postpolio. «Y necesitamos una atención concreta», dijo, lamentando que, en muchos casos, la respuesta depende del facultativo. 

Y de ahí la insistencia en el protocolo que garantice la calidad de vida hasta su muerte. Y, con ellos, la desaparición de esta enfermedad en España, donde no hay casos autóctonos de enfermedad desde 1988. Gracias a la vacunación.

 

https://www.diariodeburgos.es/noticia/z847179e3-2139-4c3a-af545ef1a40bd136/202505/la-polio-aun-duele?utm_source=www.diariodeburgos.es&fbclid=IwY2xjawKqzXlleHRuA2FlbQIxMQABHidI-PLXUpM9nBWJAi62mQxmgm2_zlKPekrw6snvk0KYPk1XR-5L589oTVLC_aem_WSzMJy_rhJrxd_1yjf49SA

martes, 6 de mayo de 2025

Debilidad progresiva y fatiga muscular en adultos mayores como indicadores clínicos de síndrome postpolio

 El síndrome postpolio puede manifestarse entre 15 y 40 años después del episodio agudo, con síntomas como fatiga progresiva, debilidad muscular nueva y dolor. 

 

Caso 1: Atrofia importante del miembro inferior izquierdo. Caso 2: Atrofia significativa del miembro inferior izquierdo. Fotos: Caso Clínico - Luisa Fernanda Zúñiga Cerón et al. 


Se presenta el caso de una paciente de 59 años, con antecedentes clínicos significativos: escoliosis idiopática y poliomielitis durante la infancia, artrodesis lumbar realizada 26 años antes de la consulta y displasia de cadera derecha. El manejo del dolor crónico se había realizado con pregabalina y tramadol durante los últimos dos años.

En las semanas previas a su ingreso, la paciente reportó un cuadro de dolor intenso en la región lumbar con una duración de 15 días, el cual comprometía tanto la sedestación como el decúbito supino. El dolor se irradiaba hacia el miembro inferior izquierdo, el cual presentaba atrofia muscular atribuida a las secuelas de la poliomielitis sufrida en la infancia. A la exploración física, la fuerza muscular en miembros inferiores era de 3/5, con reflejos positivos.

 Durante su evaluación en urgencias, manifestó además una sensación de cuerpo extraño en la región dorsal derecha, posiblemente asociada a su antecedente de artrodesis.

 

Estudios imagenológicos y neurofisiológicos

Se indicó una radiografía de columna que mostró instrumentación con barras de Harrington sin signos de corrosión, escoliosis lumbar convexa izquierda, y presencia de alambres y ganchos sublaminares desde T12 hasta S1. Posteriormente se solicitó un electromiograma (EMG) con velocidades de conducción nerviosa, el cual evidenció una lesión axonal crónica en miembros inferiores, sin signos de denervación aguda ni compromiso sensitivo.

A pesar de que las velocidades de conducción y las amplitudes motoras eran normales, se observó una disminución del 50% en la amplitud del nervio peroneo izquierdo con respecto al derecho. Los resultados del EMG confirmaron signos de denervación crónica bilateral con disminución del reclutamiento de unidades motoras y presencia de potenciales polifásicos.

Diagnóstico y tratamiento

Con base en la historia clínica, los hallazgos electromiográficos y la exclusión de otras patologías, se concluyó que el cuadro clínico era compatible con el síndrome postpolio (SPP). Se inició tratamiento con prednisona, observándose una mejoría leve de los síntomas. La evolución fue vigilada durante los dos meses siguientes, evidenciando progresiva modulación del dolor.

Caso clínico 2

El segundo caso corresponde a un paciente masculino de 47 años, con antecedente de poliomielitis infantil a los cinco años de edad. Consultó por síntomas respiratorios agudos: hipertermia, disnea, dolor torácico opresivo y tos con expectoración purulenta. La radiografía de tórax mostró consolidación en la base pulmonar izquierda, por lo que se inició manejo antibiótico con ampicilina/sulbactam ante la sospecha de neumonía basal izquierda.

Síntomas musculoesqueléticos asociados

Durante su estancia hospitalaria, el paciente refirió además fatiga al caminar, mialgias y debilidad en el miembro inferior izquierdo. A la exploración se evidenció una atrofia muscular marcada en los músculos gastrocnemio y tibial anterior (Figura 3), sin alteraciones en el balance articular de la rodilla, con fuerza muscular de 4/5, reflejos positivos y sensibilidad conservada. La prueba de Patrick fue negativa, descartando compromiso articular de cadera o sacroilíaco.

No se realizó estudio electromiográfico; sin embargo, mediante resonancia magnética de columna se descartó una compresión radicular. El cuadro fue valorado por neurología, que diagnosticó síndrome postpolio en base a los criterios clínicos, sin requerir estudios adicionales.

Intervención terapéutica

El paciente fue manejado con antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y fisioterapia, lográndose una mejoría progresiva durante el seguimiento ambulatorio de dos meses.

Características clínicas comunes

Ambos pacientes presentaban un patrón clínico compartido: dolor crónico, debilidad progresiva, fatiga y atrofia muscular asimétrica, según lo señalan los autores (Zúñiga Cerón et al). Estas manifestaciones son características del síndrome postpolio, entidad que puede aparecer décadas después del episodio agudo de poliomielitis paralítica. En ambos casos, el diagnóstico se basó en la combinación de historia clínica detallada, hallazgos clínicos y, en el primer caso, estudios electrofisiológicos.

Diagnóstico diferencial y consideraciones clínicas

El SPP no debe considerarse como una secuela pasiva de la poliomielitis, sino como una entidad progresiva, posiblemente asociada a mecanismos inflamatorios persistentes, inestabilidad de las motoneuronas o respuestas inmunológicas crónicas.

Su diagnóstico requiere la exclusión de múltiples patologías neuromusculares, como esclerosis lateral amiotrófica, radiculopatías, distrofias musculares, trastornos autoinmunes, entre otras. La evaluación debe ser integral e interdisciplinaria, considerando tanto estudios clínicos como paraclínicos según la sospecha diagnóstica.

En los casos presentados, si bien no se agotaron todos los recursos diagnósticos disponibles, se realizó una historia clínica sólida y un análisis razonado que permitió una aproximación diagnóstica efectiva.

 

https://medicinaysaludpublica.com/noticias/casos-clinicos/debilidad-progresiva-y-fatiga-muscular-en-adultos-mayores-como-indicadores-clinicos-de-sindrome-postpolio/27162?fbclid=IwY2xjawKB-7pleHRuA2FlbQIxMQABHl39OGoRUlyLF91atOTaLHy0Otxzm8y9ynO0ceJULJehCvrIcuh9P56-t9Tw_aem_t6LVKd2Eh3_Ow7KMkdnuFg

domingo, 12 de enero de 2025

Memoria de la polio

 

Las personas afectadas por la poliomielitis están consideradas víctimas del franquismo en la Ley de Memoria Democrática. La negativa de la dictadura a reconocer la existencia de la enfermedad en las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado hizo que muchos niños y niñas la contrajeran, lo que les causó parálisis en las extremidades, graves problemas respiratorios e incluso la muerte.

Hoy esas personas exigen al Estado el reconocimiento y la reparación a los que está obligado por ley. Estamos en Córdoba con la asociación Cota Cero de personas con discapacidad entre las que hay enfermos de poliomielitis, empezando por su presidente. Hablamos con afectados que nos cuentan cómo han sido sus años con la enfermedad y cuáles son sus reivindicaciones respecto al reconocimiento y reparación al que tienen derecho por ley.

También con un profesor de Historia de la Medicina que cuenta qué sucedió en España con esta enfermedad y con su vacuna. Los afectados por la polio están por encima de los 60 años y aseguran que se les acaba el tiempo y no pueden esperar más.

 

https://www.canalsur.es/television/programas/solidarios/noticia/2121683.html

Asociaciones amigas